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Rubio brilla en un debate en el que Trump y Carson se estancan y Bush cae en picada



​En el tercer debate republicano, como dice el dicho popular, de repente crecieron los enanos mientras los titanes, reales o imaginarios, encorvaron la espalda. Puede decirse que esto fue un resultado algo inesperado pero que, a fin de cuentas, muestra lo cambiante y dinámica que es la competencia en el Partido Republicano por la candidatura presidencial.

Se supuso que, al Ben Carson comenzar a superar a Donald Trump en algunas encuestas, el magnate pasaría a la ofensiva para tratar de frenar el auge del neorocirujano “bajo en energía” como él lo llamó. Se pensó que Jeb Bush, tras días aciagos de caída en las encuestas y dar la impresión de que estaba recortando su campaña, saldría con la espada en ristre para tratar de frenar a los outsiders, Trump y Carson, o al que lo está ya superando como favorito del establishment, Marco Rubio. Y se planteó que muchos de los candidatos del pelotón podrían estar ya dando sus últimas bocanadas.

Pero las cosas no fueron necesariamente así.Marco Rubio brilló mientras Donald Trump se estancó y Jeb Bush se quedó rezagado en el tercer debate republicano. …

En realidad, puede decirse que fueron Rubio principalmente y en cierto modo también Ted Cruz los que salieron mejor plantados del debate y que Mike Huckabee, Chris Christie y John Kasich mostraron que están vivos y coleando. Trump y Carson, en cambio, tuvieron actuaciones más bien inocuas, el magnate repitiendo con poco impacto sus propuestas y análisis más estridentes y Carson manteniendo un “hablar suave” tratando de no verse demasiado blando. Es posible que ambos no sufran mucho tras este debate, pero tampoco sacarían muchos dividendos de él, como presumiblemente sí sucederá beneficiosamente para Rubio y Cruz.

De Rand Paul puede decirse que se mantuvo en el lugar secundario en el que siempre ha estado, sin lucir ni caer significativamente. Y los más desaventajados fueron Bush y Carly Fiorina, que quemaron cartuchos sin fuerza y, se mostraron mayormente a la defensiva y con un discurso opaco, al menos en comparación con los otros y lejos de las expectativas que alguna vez despertaron.

En general, la discusión estuvo centrada en lo económico (el propio debate tuvo la frase “Su dinero, su voto”) y cada candidato se esforzó en mostrar las bondades de sus planes fiscales, de reforma de Medicare, del Seguro Social y del gasto gubernamental. Pero pese a ciertas diferencias en el enfoque, algunas más radicales o fantasiosas (como Kasich llegó a decir de las de Carson o Trump), no puede decirse que lo más atractivo para que un votante se decante por uno u otro de los candidatos haya sido sus propuestas en sí, sino cómo las defendió y expresó. Es decir, una cuestión mucho más de percepción que de fondo.

En esa arena, Bush, Fiorina, Carson y Trump no brillaron, se vieron mecánicos, mientras que Rubio, Cruz, Christie e incluso Huckabee lucieron más espontáneos, más genuinos si cabe. Eso no dice nada sobre la pertinencia o la improcedencia de sus propuestas, pero sí sobre su personalidad y su talante de cara al votante conservador, preocupado por la idea de un gobierno intrusivo y negligente y de un país alicaído a punto de caer otros cuatro años en las garras de los demócratas.

Ted Cruz tuvo un buen desempeño en el debate, mientras que la participación de Carly Fiorina fue opaca. (AP)

Es por ello, también, que buena parte del debate se consumió en críticas frontales al presidente Barack Obama y a los candidatos demócratas, Hillary Clinton y Bernie Sanders, en un afán de mostrar que la debacle estadounidense se debe a ellos, por acción o por omisión, un método probado para sentar bien entre el electorado conservador, aunque todos hayan omitido que gran parte de las causas de la crisis que condujo a la Gran Recesión tuvo lugar bajo un gobierno republicano (George W. Bush).

Con todo, hubo algunos momentos de novedad. Uno, cuando Trump aceptó que la portación de armas para autoprotección es buena idea y que incluso cambiaría la política de sus empresas para permitir que sus empleados e incluso los huéspedes de sus hoteles puedan estar en ellos armados. Otro, cuando Rubio paró en seco a Bush al decirle que atacarlo por su récord como legislador en realidad no iba a favorecerlo (lo que en efecto sucedió, pues el favorecido fue más bien Rubio).

Y, entre todos, se consumió una buena cantidad de tiempo y de aplauso de los asistentes en reproches de los participantes a la televisora CNBC por hacer preguntas para enfrentar a un candidato contra otro o porque ante la enormidad de los problemas nacionales los moderadores se ocupaban de preguntar sobre juegos como ‘Fantasy football’.

Al final, el saldo del tercer debate republicano es que revitaliza a algunos candidatos, sobre todo a Rubio pero también a Cruz; deja estancados a los punteros Trump y Carson, que no brillaron significativamente; y enciende focos rojos para Bush y Fiorina. Huckabee, Christie, Kasich y Paul navegaron con más o menos lustre, y en general todos se esforzaron por mostrar un cierto espíritu de camaradería y unidad partidaria, para neutralizar la noción, que se evidenció tras el pasado debate demócrata, de que el Partido Republicano era un avispero mientras que Clinton, Sanders y anexos, pese a sus diferencias, mantenían una comunidad que los republicanos habían perdido, o nunca tenido, con su contienda marcada por la agresividad de Trump.

Y Rubio podrá decir que, tras el debate, ha comenzado a consolidarse como la vía intermedia entre los outsiders Trump y Carson y los institucionales, sobre todo Bush, quien sería el mayor perdedor de este encuentro.


Periódico Poder Político 2020

Poder Político es una publicación de Editora del Sureste S.A.

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