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Independiente Presidente? (II)



PASCAL BELTRÁN DEL RÍO

15 de Marzo de 2016

Bitácora del director

Como planteaba ayer en este espacio, el éxito en 2018 de una candidatura no apoyada por algún partido político depende de la posibilidad de crear una red de movilización de electores que compita con la que ya tienen las organizaciones con registro.

Por eso dudo que convenga a Margarita Zavala y a Miguel Ángel Mancera –quienes han coqueteado con la idea de lanzarse como independientes dentro de dos años– ir por una candidatura por fuera de los partidos políticos.

Ninguno de ellos tendría éxito –pienso yo– si no son postulados por el PAN y el PRD, respectivamente.

¿Cómo hacerle frente a la estructura y al voto duro de los tres principales partidos políticos, que han concentrado, junto con sus aliados, 94.7%, 93.5% y 94.8% de los sufragios en las tres más recientes elecciones presidenciales, respectivamente?

La experiencia reciente muestra que las elecciones intermedias son terreno para el crecimiento de las llamadas cuartas fuerzas –incluidos los candidatos independientes en 2015–, mientras que las presidenciales son ocasión de concertación del voto en las tres principales.

Quizá la única diferencia potencial de 2018 respecto de las elecciones presidenciales anteriores es que es muy posible que la izquierda no se presente unida en las urnas.

Tal vez veamos dos candidatos presidenciales de ese espectro ideológico: Andrés Manuel López Obrador, por Morena, y Miguel Ángel Mancera, por el PRD.

Eso mismo le pasaría a la derecha si el PAN no apoya la candidatura de quien parece mejor posicionada para ser aspirante del partido, es decir, Margarita Zavala. Si Acción Nacional opta por otro candidato –digamos, Ricardo Anaya oRafael Moreno Valle– y Zavala se lanza como independiente, la derecha podría tener su peor desempeño en 36 años.

En esa circunstancia, con dos candidatos de la izquierda y dos de la derecha históricas, el espacio para el triunfo de algún aspirante independiente se reduciría todavía más. Y una razón es que la maquinaria electoral del PRI, la más aceitada de todas, tendría un innegable margen de maniobra para trabajar a favor de su candidato presidencial.

El único escenario para el triunfo de un independiente en los comicios presidenciales de 2018 tendría que darse como resultado de un desplome simultáneo de las tres principales fuerzas políticas y la generación de un aspirante sin partido que tuviese un enorme arrastre, capaz de convocar un apoyo popular que compita con las maquinarias partidistas.

Yo no observo –en estos momentos– ninguna de las dos cosas. Pese al descrédito de la partidocracia, no veo un desplome simultáneo del PRI, PAN y el espectro de la izquierda partidista (PRD-Morena-MC). Ni tampoco visualizo de dónde saldría una candidatura independiente capaz de arrasar en las urnas.

Es cierto que la fuerza de El Bronco surgió en unos cuantos meses, por lo que no podría descartarse la formación de un fenómeno similar a nivel nacional. Pero hasta ahora yo no veo algo parecido en ciernes.

Si la caballada partidista para 2016 está flaca, la independiente anda famélica. Peor aún, como ha dicho Jorge Castañeda, si se presenta más de un candidato sin partido.

Por lo tanto, lo más posible es que el próximo Presidente de la República surja de alguna de entre las tres fuerzas principales (nuevamente: PRI, PAN y la izquierda).

Quienes emprendan el camino por la vía independiente tendrán una ruta cuesta arriba: deberán recaudar lo suficiente para hacer frente a los recursos que tienen los partidos y construir, en menos de dos años, una maquinaria electoral capaz de movilizar como hacen las de ellos.

Ninguna de las dos cosas es imposible, pero requiere de ser impulsado por un candidato con características extraordinarias.

Recordemos que Vicente Fox y sus Amigos lo lograron en 2000, pero Andrés Manuel y sus Redes fracasaron en ello en 2006.*/