Así escaparon dos periodistas del asedio de Putin tras 20 días en Mariupol: “Los rusos nos buscaban”


Dos reporteros de Associated Press, Mstylav Chernov y Evgeniy Maloletka, mostraron los bombardeos de civiles y el horror del sitio en la ciudad ucraniana. Esta es la historia de su dramático rescate. IMÁGENES SENSIBLES


Los rusos nos buscaban. Tenían una lista de nombres, incluidos los nuestros, y se nos acercaban.


Habíamos estado informando acerca del sitio de Mariupol durante dos semanas y éramos los únicos periodistas internacionales que quedaban en la ciudad. Lo cubríamos desde un hospital donde individuos armados se paseaban por los pasillos. Unos cirujanos nos dieron delantales para hacernos pasar por personal médico.


De repente, al amanecer, una docena de soldados irrumpieron en el salón donde nos encontrábamos. “¿Dónde están los periodistas?”, preguntaron.


Tenían cintas azules en sus brazos, el color de Ucrania. Durante un momento consideré la posibilidad de que fuesen rusos disfrazados. Pero finalmente di un paso hacia delante y me identifiqué.


“Vinimos a sacarlos de aquí”, me dijeron.


Las paredes de la sala de operaciones se estremecían por el fuego de artillería y de ametralladoras y daba la impresión de que estábamos más seguros adentro. Pero los soldados ucranianos tenían la orden de llevarnos.


Corrimos hacia la calle, abandonando a los médicos que nos habían refugiado, a la mujer embarazada que había resultado herida en un bombardeo y a la gente que dormía en los pasillos porque no tenían adónde ir. Me sentí terrible al dejarlos.


Durante nueve minutos inacabables, tal vez diez, pasamos junto a edificios de departamento destruidos por las bombas. Hubo una explosión cerca y nos tiramos al piso. El tiempo lo medíamos según los estallidos, una bomba a la vez. Conteníamos la respiración. Cada estallido me estremecía y tenía las manos frías.


Llegamos a un portón y personas con vehículos blindados nos llevaron a un sótano oscuro. Recién entonces nos enteramos de boca de un policía que conocíamos por qué los ucranianos habían arriesgado sus vidas para sacarnos del hospital.


“Si los agarran, los pondrán frente a una cámara y los harán decir que todo lo que filmaron fue falso”, me dijo. “Todo su esfuerzo y todo lo que hicieron en Mariupol habrá sido en vano”.


El agente, que en una ocasión nos pidió que le mostrásemos al mundo la muerte de su ciudad, ahora nos imploraba que nos fuésemos de allí. Nos condujo hacia un sitio con miles de autos desvencijados que se preparaban para salir de Mariupol.


Esto ocurrió el 15 de marzo. No sabíamos si saldríamos vivos.