Cómo es el crucero Moskva, insignia de la armada rusa, que quedó inutilizado por un ataque ucraniano


El buque, de gran importancia estratégica, no podrá ser reemplazado en el mar Negro porque Turquía impide el paso de naves militares


Rusia confirmó que la tripulación del buque insignia de su flota del mar Negro fue evacuada este jueves y que se estaban tomando medidas para tratar de remolcar el barco de vuelta a puerto, tras una explosión de municiones a bordo que, según proclamó Ucrania, fue causada por un ataque con misil.


El Ministerio de Defensa ruso dijo que el incendio del crucero portamisiles de la era soviética Moskva había sido controlado, pero que el barco había quedado muy dañado. No reconoció que el barco hubiera sido atacado y dijo que la causa del incendio estaba siendo investigada.


El mando militar del sur de Ucrania dijo que había alcanzado al buque de guerra con un misil antinavío Neptune de fabricación ucraniana y que había comenzado a hundirse.


La pérdida o inutilización del Moskva sería otro revés para Rusia, en el 50º día de su guerra en Ucrania, mientras se prepara para un nuevo asalto en la región oriental del Dombás que probablemente definirá el resultado del conflicto.


Su inutilización bien puede ser vista como uno de los ataques más audaces de la historia naval moderna, y una de las mayores pérdidas del sector desde el hundimiento del Crucero General Belgrano, atacado por las fuerzas británicas en 1982 en la Guerra de Malvinas.


“Moskva” comenzó sus operaciones en la era soviética en 1983 y participó en la intervención rusa en Siria a partir de 2015. Su gran valor militar radica en que funcionaba como plataforma para la defensa aérea y el bombardeo de objetivos terrestres con misiles. Más en estas semanas en las que Rusia ha enfocado su ofensiva en el sur de Ucrania.


También, será imposible de reemplazar para este conflicto, ya que el único paso hacia el Mar Negro es a través del Bósforo, pero Turquía ha cerrado el paso del estrecho al tráfico militar.


Los primeros reportes de la Armada rusa señalaron que la tripulación que sobrevivió al ataque fue evacuada, por lo que no quedó nadie a bordo para realizar el control de daños del incendio.


Las agencias de noticias rusas dijeron que estaba armado con 16 misiles de crucero Vulkan antibuque con un alcance de al menos 700 kilómetros, pero las autoridades rusas aseguran que “el armamento principal de misiles no ha sido dañado”, por lo que podrían ser utilizados en el futuro.


Ucrania no demoró en celebrar el ataque. “Los misiles Neptune que vigilan el mar Negro causaron daños muy graves al barco ruso. ¡Gloria a Ucrania!”, escribió el gobernador Maksym Marchenko en Telegram. Un asesor del presidente ucraniano, Oleksiy Arestovich, indicó que el buque “tuvo una sorpresa” y destacó “ahora mismo arde con fuerza”.


Las primeras informaciones indicaron que el ataque tuvo lugar durante una tormenta, lo que ayudó a ocultar los preparativos en tierra.


Pero también apuntan a que hubo toda una destacada maniobra de distracción, aprovechando un punto débil del buque.


La embarcación tiene un único radar defensa aérea con una característica clave: su campo de visión giratoria es de 180 grados. Aunque es complementado por otros, de menor alcance, su tarea habría sido obstaculizada por la tormenta.


Así, las informaciones apuntan a que Ucrania habría utilizado un dron Bayraktar TB-2 para distraer al Moskva y hacer que su mejor radar apunte en la dirección contraria para permitir el paso libre de los misiles Neptune.


El Moskva protagonizó uno de los primeros enfrentamientos destacados de la guerra, cuando los guardias fronterizos ucranianos de la Isla de las Serpientes, un pequeño promontorio en el mar Negro, respondieron con un desaire al imponente barco.


Cuando les exigieron que se rindan, desafiaron: “¡Buque de guerra ruso, vete al carajo!”. La frase quedó como grito de guerra y ya se inmortalizó en camisetas y hasta en un sello postal de Ucrania.


Al principio se pensó que el destacamento había sido asesinado, pero en realidad fueron tomados como rehenes y luego liberados en un intercambio de prisioneros con Rusia a finales de marzo, según el Parlamento ucraniano.