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Así buscan mejorar la calidad de vida de personas con autismo en México

  • hace 10 horas
  • 2 Min. de lectura

La falta de cifras precisas sobre el Trastorno del Espectro Autista (TEA) en México no ha frenado el trabajo científico ni el interés por entenderlo mejor. Desde laboratorios universitarios hasta espacios de diálogo académico, especialistas buscan respuestas que, más allá de los datos, se traduzcan en una vida más digna para quienes viven con esta condición.


Y es que, en México no existe un registro concluyente sobre cuántas personas tienen TEA. Ante ese vacío, la investigadora del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM, Violeta Gisselle López Huerta, explica que se toma como referencia la estimación global: alrededor de uno por ciento de la población. Esta cifra, aunque general, permite dimensionar la relevancia del tema.


El enfoque científico que encabeza López Huerta parte de una pregunta central: qué ocurre en el cerebro de las personas con autismo. Según lo detallado, su equipo analiza la comunicación entre neuronas, particularmente aquellas relacionadas con el procesamiento sensorial. Han puesto especial atención en un gen llamado Shank3, cuyo comportamiento estudian en modelos de laboratorio.


Durante la conferencia “Genes, Neuronas y Autismo: ventana de desarrollo y oportunidades de intervención”, la investigadora detalló que estos modelos priorizan el aspecto sensorial, ya que alrededor del 95 por ciento de las personas con TEA presenta alteraciones en este ámbito. Este componente no es menor: es la base sobre la cual se desarrollan habilidades más complejas como el lenguaje y la comunicación.


Actualmente, el trabajo en el laboratorio continúa en desarrollo. Una de las líneas de estudio se centra en observar cómo reaccionan ciertos receptores neuronales ante fármacos que estimulan la sensibilidad. La intención es comprender mejor estos procesos para, eventualmente, diseñar intervenciones más efectivas.


Ciencia y empatía: claves para una mejor calidad de vida

Para López Huerta, la investigación científica no es un fin en sí mismo. Su valor radica en la posibilidad de generar herramientas que ayuden a mejorar la vida diaria de las personas con TEA, especialmente de quienes enfrentan dificultades motoras o sensoriales.


En el marco del “Simposio Divergencia: Ciencia y Realidad del Autismo”, organizado por las facultades de Medicina y de Ciencias, también se compartieron datos internacionales que ayudan a contextualizar el fenómeno. Un estudio realizado en Estados Unidos señala que uno de cada 36 niños presenta algún síntoma del espectro, lo que sugiere un aumento en los casos registrados.


Más allá de las cifras, los especialistas coinciden en la importancia de reconocer las características del TEA: dificultades en la comunicación e interacción social, así como patrones repetitivos o restringidos en el comportamiento, intereses o actividades. Comprender estos rasgos permite avanzar en diagnósticos más oportunos.


Elizabeth Ibarra Coronado, académica de la Facultad de Medicina, subrayó que uno de los principales desafíos es precisamente detectar el trastorno de manera temprana. Para lograrlo, considera indispensable acercar la ciencia a la sociedad y garantizar el acceso a terapias que ayuden a mejorar los síntomas.


En ese mismo sentido, Julieta Garduño Torres, jefa del Departamento de Fisiología, destacó que el objetivo del simposio va más allá del conocimiento técnico. Se trata de poner en el centro el aspecto humano de la ciencia, actuar con ética y mantener la empatía como principio fundamental, respetando en todo momento la dignidad de las personas con TEA.

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